Ambas infraestructuras fortalecerán la posición estratégica del país en el Continente Blanco, planteó la ministra de Obras Públicas, Jessica López.
Inversión simultánea de casi $50 mil millones:
Desde esta primavera, los pingüinos Papúa que suelen caminar por la helada y rocosa playa de Bahía Fildes, en isla Rey Jorge, Territorio Chileno Antártico, tendrán más compañía humana de la habitual. Ya no solo serán las dotaciones de las bases Presidente Frei Montalva (Fuerza Aérea) y Julio Escudero (Instituto Antártico Chileno), de la Gobernación Marítima Antártica Chilena (Armada) y del aeródromo Teniente Marsh (Dirección General del Aeronáutica Civil), sino también una pequeña oleada de trabajadores que pondrán en marcha las faenas de dos infraestructuras que mejorarán los principales accesos de Chile al Continente Blanco.
Con una inversión de casi $50 mil millones, el Ministerio de Obras Públicas adjudicó dos contratos: un muelle en Bahía Fildes —el primero del país en la Antártica— y la renovación de la pista del aeródromo Teniente Marsh, inaugurada en 1980, pero deteriorada por el rigor del congelamiento y la presencia de baches y de abundante material suelto.
La Contraloría General de la República tomó razón el viernes pasado del contrato del aeródromo ($19 mil millones), adjudicado a las empresas Bravo Izquierdo, Conpax y Huenchuñir. Antes había hecho lo propio con el muelle ($29 mil millones), que ejecutarán las mismas compañías.
Así se cumple “con la materialización de obras que llevaban mucho tiempo postergadas y que son relevantes para fortalecer la posición estratégica de Chile en la Antártica”, planteó la ministra de Obras Públicas, Jessica López.
La falta de un muelle en Fildes fue apuntada como una debilidad de Chile en el Continente Blanco en el documento “Chile en la Antártica: Visión estratégica al 2035”, de la Cancillería.
Es “sumamente relevante”, precisa Ricardo Trigo, director nacional de Obras Portuarias del MOP, porque “permite una puerta de entrada segura para la descarga y el embarque y desembarque de pasajeros”.
Ello facilitará no solo el trabajo de las dotaciones y los científicos, sino también el tránsito del creciente número de turistas que llegan en cruceros o en aviones.
Son dos obras “largamente esperadas y bienvenidas por la ciencia chilena, particularmente por el Programa Nacional de Ciencia Antártica”, resalta el director del Inach, Gino Casassa, pues una buena parte de los investigadores llega a Rey Jorge por vía aérea. El muelle, añade, “ayudará a la agilidad de los trabajos logísticos en la bahía”.
IVÁN MARTINIC

